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La Pascua y los mejores hornos de Valencia en 2026

La Pascua valenciana vuelve a hablar en clave de masa madre, azúcar y memoria. El Gremio de Panaderos y Pasteleros de Valencia ha desvelado los ganadores del 39º Concurso de Dulces de Pascua 2026, una cita ya consolidada en el calendario gastronómico que, más allá de premiar elaboraciones, funciona como termómetro del estado de la tradición artesana.

Bajo el lema “Són dies de berenar”, la edición de este año ha puesto el foco en ese gesto tan cotidiano como identitario: salir al campo, compartir la mona y alargar la sobremesa entre familia o amigos. Un ritual que, lejos de diluirse, encuentra en los hornos valencianos su mejor aliado.

Los sabores que resisten al tiempo

En la categoría reina, la de mona tradicional de Pascua, el primer premio ha recaído en Horno Bells, que ha sabido imponer una propuesta fiel a la receta clásica: fermentaciones cuidadas, miga esponjosa y ese equilibrio justo entre dulzor y aroma cítrico.

El reconocimiento al mejor panquemao ha sido para Horno Miguel Martínez, una pieza que exige técnica y precisión: corteza fina, greñado limpio y una textura interior ligera pero estructurada, capaz de sostener el sabor sin caer en excesos.

Por su parte, Horno Vicente García se ha alzado con el premio a la mejor torta de pasas y nueces, un producto que combina la rusticidad de la masa con la intensidad de los frutos secos, donde el equilibrio entre humedad y horneado resulta determinante.

Innovar sin traicionar el origen

Si algo define la pastelería actual es su capacidad para reinterpretar el recetario tradicional. En este terreno, el premio a la innovación ha sido para David Esteve Pastisseria, que ha presentado una torta de Pascua que juega con el efecto sorpresa: una nuez que no es lo que parece.

La propuesta, construida sobre una base reconocible, introduce el arnadí —dulce de calabaza profundamente arraigado en la tradición valenciana— y lo combina con técnicas contemporáneas. El resultado no es solo estético, sino también conceptual: una pieza que dialoga entre pasado y presente sin perder identidad.

El escaparate como relato gastronómico

Más allá del producto, la Pascua también se construye desde lo visual. En este sentido, Horno San Antonio ha logrado un doble reconocimiento al imponerse tanto en Ornamentación Comercial de Pascua como en Mona Artística.

Aquí, la pastelería se convierte en un lenguaje que trasciende el sabor: escaparates concebidos como escenas narrativas, composiciones que apelan a la tradición pero con una puesta en escena contemporánea, donde el cliente no solo compra, sino que experimenta.

Un jurado técnico para una tradición exigente

El certamen, celebrado los días 30 y 31 de marzo, ha mantenido su estructura en dos fases para garantizar el rigor en la evaluación. La primera jornada, en el Centro de Artesanía de la Comunitat Valenciana, acogió la cata a ciegas, donde profesionales del sector, críticos gastronómicos y representantes de consumidores analizaron cada pieza atendiendo a criterios como técnica, aroma, sabor y presentación.

La segunda fase trasladó el foco a los propios hornos, donde el jurado valoró la capacidad de los establecimientos para construir una propuesta global: desde la calidad del producto hasta la creatividad en el punto de venta.

Tradición, oficio y compromiso social

Más allá de los premios, el concurso deja una imagen clara: la pastelería artesana valenciana no solo resiste, sino que evoluciona sin perder sus raíces. Como ha señalado Laura de Juan, secretaria general del gremio, la clave está en el compromiso diario de los profesionales por preservar la autenticidad.

Un compromiso que también se traduce en responsabilidad social. Como en ediciones anteriores, todos los productos elaborados para el certamen han sido donados a Casa Caridad Valencia, reforzando el vínculo entre gastronomía y solidaridad.

En un momento en el que la estandarización amenaza con homogeneizar el gusto, concursos como este recuerdan que la verdadera innovación pasa, muchas veces, por mirar hacia atrás. Porque en Valencia, la Pascua no se entiende sin una mona en la mano… ni sin un horno dispuesto a defenderla.

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