Valencia. El aroma a mar y la brisa del Mediterráneo vuelven a entrelazarse con la historia del Cabanyal. Casa Pescadores abre sus puertas, no como una revolución, sino como un emotivo rescate de la autenticidad culinaria y el ambiente entrañable que definieron a este barrio marinero. Este nuevo espacio gastronómico ocupa lo que antaño fueron los Astilleros Palau, transformando grúas navales en mesas y rincones de trabajo en acogedores comedores.
Un Ritmo Marcado por el Mar y la Tradición
Casa Pescadores se alinea con el pulso del mar. De miércoles a domingo, sus fogones encendidos ofrecerán productos frescos, capturados el mismo día. Es por ello que los lunes y martes, permanecerá bajado, respetando el ciclo de la pesca y garantizando la frescura que tanto se valora en la cocina de Elkano de Getaria, cuyos proveedores también nutrirán este nuevo hogar culinario.
En la planta baja, la estructura original, incluyendo la grúa para elevar las barcazas –ahora convertida en una mesa–. Grandes cristaleras, paredes marcadas por el tiempo, redes, y objetos que, aunque ya no cumplen su función original, marcan historias antiguas. Recordando el pasado, un nieto del astillero Palau, el mismo que construyó el barco de Santiago Bernabéu, se acercó recientemente, evocando la imagen de su abuela lanzando bocadillos a los trabajadores desde el primer piso, hoy una vivienda particular.
Tres Espacios, Una Misma Pasión por el Mar
- El Bar: Un homenaje a las barras de paso y la ‘picaeta’. Aquí, una larga barra y mesas altas invitan a la conversación informal. Un mostrador de pescadería con hielo exhibe el género del día, bajo el cartel «Pescados La Tía Reme», en honor a la tía abuela de José Miralles, uno de los promotores del local. La carta ofrece tapas clásicas como la ensaladilla con capellán a la llama, bravas, sepia con mahonesa o tellinas con tomate, conviviendo con guisos tradicionales y productos de lonja que varían a diario. «El que llega pronto elige», sentencia Miralles, evocando los merenderos del Cabanyal.
- La Parrilla: Ubicada en la antigua casa de Palau, este espacio busca recuperar la cocina valenciana a la brasa. Con una carta reducida y cocinada al momento, el chef Edu Espejo, asesor gastronómico del equipo de Flama, promete conejo, codorniz, chuletillas y, por supuesto, pescado de lonja: rape, lubina, salmonete y lenguado ‘meuniere’ a la brasa. La pizarra marcará pesos y precios, y «cuando se acabe, se ha acabado», refuerza Marcos Moreno, al frente del servicio diario, en su empeño por «conservar el espíritu de los antiguos merenderos y casas de comida».
- El Restaurante: Con un menú a mesa puesta, sin carta, los comensales disfrutarán de tres entrantes y un segundo a elegir entre arroz, carne o pescado a la brasa. El postre, un clásico pijama reinventado, cierra la experiencia con un toque nostálgico. «Queremos cuidar al comensal, que no sienta la urgencia de los turnos. Estamos en un espacio pensado para alargar la sobremesa. Aquí, la prisa no existe», asegura Hugo Cerverón, contrastando con el frenético ritmo de la hostelería actual.
Una Bodega para Cada Experiencia
La oferta de bebidas también se adapta a cada espacio: cerveza y una selección de vinos en el bar; vinos valencianos y champagnes por copas en la parrilla, junto a cócteles inspirados en destilados locales, como un Bloody Mary con toques del Cabanyal o una reinterpretación del Gin Fizz con cazalla. El restaurante, por su parte, apuesta por una selección más reducida de cócteles y una bodega clásica y sólida, con guiños especiales como los vinos Fondillón de Alicante. La intención es, incluso, democratizar el consumo de cava con las brasas, despojándolo de su etiqueta de bebida para ocasiones especiales. Casa Pescadores es más que un restaurante; es un viaje a la memoria, un «homenaje a la memoria de la madera húmeda, de escuchar el mar», como lo describe Miralles, nacido y criado en el Cabanyal. Un espacio donde la gastronomía se convierte en el hilo conductor de una historia que se niega a ser olvidada
