Un proyecto turístico integra excelencia culinaria, tradición y tecnología para impulsar el territorio desde la gastronomía
España suma una nueva iniciativa para reforzar su posicionamiento turístico a través de uno de sus mayores activos: la gastronomía. El pasado 10 de abril se presentó oficialmente la Red de Pueblos Gastronómicos de España, un ambicioso proyecto que, tras tres años de desarrollo, reúne a municipios de todo el país con un objetivo común: convertir la cocina, el producto local y la cultura en ejes vertebradores de una experiencia turística diferencial.
La propuesta arranca con 13 municipios y una comarca —repartidos en ocho comunidades autónomas— que han superado una exigente auditoría de calidad. Entre ellos figuran destinos como Alcázar de San Juan, Aracena, Sigüenza o San Cristóbal de La Laguna, enclaves donde tradición y excelencia culinaria conviven como seña de identidad. A este grupo inicial se suman ya otros 32 municipios en proceso de adhesión.
El proyecto, articulado como una asociación sin ánimo de lucro, aspira a consolidarse como una marca país capaz de aglutinar lo mejor del turismo rural y gastronómico. Para ello, pone el foco no solo en la promoción, sino también en la formación continua de los agentes locales, la digitalización, la sostenibilidad y la des estacionalización de la demanda turística.
Uno de los pilares de esta red son las denominadas “GastroRutas”, itinerarios que conectan distintos municipios para ofrecer al viajero recorridos temáticos donde descubrir paisajes, tradiciones y, sobre todo, sabores. Actualmente, ya están operativas tres rutas: Almendralejo-Llerena-Aracena; Alhaurín el Grande-Baena-Alcázar de San Juan; y Mora de Rubielos-Sigüenza-Riaza.
La iniciativa también apuesta por una comunicación constante a través de su plataforma digital, donde se centralizan los llamados “GastroEventos”, citas gastronómicas y culturales que se celebran a lo largo del año en los territorios adheridos. En este relato, dos figuras simbólicas —Fogón y Candela— acompañan al viajero como hilo conductor de la experiencia.
Un recorrido por la despensa española
Cada uno de los destinos que integran la red aporta una personalidad gastronómica propia, construida sobre productos de proximidad y recetas transmitidas de generación en generación.
En La Mancha, Alcázar de San Juan reivindica platos como las migas o el pisto, mientras que Tomelloso pone en valor su tradición vinícola y recetas humildes como las gachas o el pisto manchego. En Extremadura, Almendralejo destaca por sus vinos y cavas, y Llerena por su cocina pastoril y dulcería conventual.
Andalucía aporta referentes como Aracena, con el ibérico y el jamón como bandera, y Baena, donde el aceite de oliva marca el carácter de su recetario. En el norte, Cangas del Narcea ofrece una cocina contundente ligada al territorio, mientras que, en Castilla y León, Riaza y El Espinar mantienen viva la tradición de los asados y la cocina de temporada.
En Aragón, Mora de Rubielos reivindica la sencillez de la cocina de montaña, con protagonismo del ternasco, la trufa y el producto de matanza. Castilla-La Mancha y Guadalajara encuentran en Sigüenza un referente de cocina histórica, mientras que la Sierra Oeste de Madrid se presenta como una despensa de proximidad marcada por el cocido, la miel y los vinos locales.
Por su parte, San Cristóbal de La Laguna aporta el acento atlántico con una cocina canaria donde el gofio, las papas arrugadas o el pescado fresco dibujan un paisaje gastronómico singular.
Más que turismo, una estrategia de futuro
La Red de Pueblos Gastronómicos de España no se limita a diseñar rutas o promocionar destinos. Su enfoque integra innovación, desarrollo local y cooperación institucional, con la creación de comisiones de trabajo y acuerdos con otras redes nacionales e internacionales.
El objetivo es claro: convertir la gastronomía en motor económico, fijar población en el entorno rural y preservar un patrimonio cultural que va mucho más allá de los platos. Tradiciones, fiestas, oficios y relatos forman parte de una narrativa común que busca posicionar a España como un destino donde viajar también es saborear.
Con este proyecto, el país refuerza una tendencia al alza: la del turismo experiencial, en el que el visitante deja de ser espectador para convertirse en protagonista. Un viaje que no solo se recorre, sino que se vive —y se degusta— en cada parada.
