Entramos en el Restaurante SantCeloni, en pleno paseo de la Castellana, en los sótanos del Hotel Hesperia de Madrid. Se respira el lujo en un espacio esplendido decorado por el interiorista Pascua Ortega. La cubertería de plata, las cristalerías baccarat para el agua y riedel para el vino, son el engarce perfecto para las joyas culinarias y enológicas que salen de la cocina y de la bodega.
«Cuando comunique a mi familia que quería dejar los estudios de ingeniería, no les hizo mucha gracia, porque no había ninguna tradición familiar de cocineros en casa. Aunque ahora están orgullosos de lo conseguido con mi esfuerzo y entienden que esto es lo que realmente me hace feliz».
Poco a poco va descubriendo su pasión y con 19 años, comienza sus estudios en la escuela de cocina de Segovia, así va compaginando su trabajo con los estudios y ya teniendo claro, cual iba a ser su futuro. De ahí, comienza a trabajar en la Taurina como encargado de cocina, después en el Restaurante Cabo Mayor, pasa también por Zalacain y La Concha de Segovia. Aunque su sueño era llegar a San Sebastián para formarse con los grandes cocineros, como Martin Berasategui, con el que permanece formándose dos años, para a continuación, aterrizar con Santi Santamaría en Can Fabes. Crean un tándem perfecto, y por ese motivo cuenta con él para el siguiente proyecto, que es la inauguración en el año 2001 del restaurante SantCeloni, cuyo nombre es un homenaje al lugar de nacimiento de Santi Santamaria. También Santi fue el culpable de los otros dos compañeros de equipo de Oscar Velasco, el jefe de sala Abel Velarde y el sumiller David Robledo, formando un trío perfecto.
Al comienzo del SantCeloni, la carta del restaurante, era inspiración de Santi Santamaría, y bajo su tutela Oscar Velasco ha sabido evolucionar de forma firme y segura. «Aquí lo que prevalece es la cocina de producto como protagonista que parte de la tradición, dándole una vuelta para hacer cosas diferentes, hacerlas más modernas, pero respetando siempre la calidad del producto. La raíz de mi cocina es Cataluña, por ese motivo muchos de los productos vienen de allí y nuestros proveedores siguen siendo los mismos, ya que nos ofrecen un producto único, aunque tenemos platos de toda España.»
Entre los galardones obtenidos, recibe el Premio Cocinero del Futuro (Academia Internacional de Gastronomía, 2006) y Premio Nacional de Gastronomía (2007), siendo el ultimo al de Cocinero Segoviano del Año en Madrid(2013). » Tener dos estrellas Michelin y tres Soles Repsol, nos da prestigio y atrae a un gran público extranjero que viaja a Madrid, aunque la presión y la responsabilidad es la misma que si no las tuviéramos, porque al final mi exigencia es como si tuviera tres estrellas, para el cliente lógicamente es un plus. La realidad es que no trabajas para tener estrellas, trabajas para llenar el restaurante y que el cliente se vaya siempre satisfecho y sobre todo que repita. Creo que los premios es la recompensa del trabajo bien hecho, porque sin los clientes, no podríamos abrir al día siguiente, aunque tuvieras estrellas sino tienes clientes, no eres nada. Al igual que tener la máxima puntuación en la Guía Repsol, es un gran reconocimiento que nos obliga a superarnos dia a dia.»
Rodeado de un equipo de 25 personas entre cocina y sala, en su mayoria son jovenes, creando escuela. » Hay mucha gente joven que aporta su ilusión al trabajo, aunque también hay mucha gente muy confundida, que quieren solo hacerse la foto, y eso es un gran error, porque la cocina es muy vocacional, es una forma de vida».
«Mi cocina se disfruta, no hace falta que se entienda. Soy muy práctico y terrenal»
Un claro ejemplo es el jarrete de ternera que siempre está en la carta, al igual que los Callos Madrid Barcelona, de tripa de bacalao, que es un homenaje a Santi Santamaria. En su Gran Menú ofrecen los aperitivos acompañados de un vermut Martius, servido de un aceite creado en exclusiva para ellos y con mantequilla echiré , como segundo aperitivo sirven un tomate deshidratado con jugo de jamón, los callos Madrid Barcelona van maridados de una Manzanilla Sacristía junto con las ostras maceradas en manzanilla y gazpacho verde y yogurt ahumado, después, el ravioli de ricota ahumada con caviar, acompañado por un vino blanco Verdeal, las setas de otoño con praliné de avellana y gambas rojas armonizadas con una garnacha blanca de Cataluña. Si esto parece poco, a continuación sirven un calamar con cebolletas ahumadas al vino tinto y remolacha que acompaña un blanco de la ribera sacra.
por Piedad Pedraza
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