Los socios del proyecto anuncian un segundo local, situado en un barrio diferente, cuyo estilo seguirá la estela del pionero.
¿Quién dijo que Eusebia no era un nombre con estilo? ¿O que Rogelio había quedado relegado al olvido? Timoteo, el restaurante que ha revolucionado el barrio de Arrancapins con su propuesta de «bar de siempre pero mejor», está decidido a demostrar que lo auténtico nunca pasa de moda. Anoche, coincidiendo con la festividad de San Timoteo, el local de la calle Marqués de Zenete 11 se convirtió en el escenario de un particular homenaje a los nombres en desuso, una cita que sirvió además para despejar la incógnita más esperada: el nombre de su segundo restaurante.
Alrededor de 60 invitados se sumergieron en una velada donde la identidad fue la gran protagonista. Bajo un ambiente marcadamente joven —sorprendente síntoma de cómo las nuevas generaciones abrazan la tradición sin complejos—, los asistentes jugaron a adoptar nombres que rara vez se escuchan hoy en día. Evelio, Jacinta o Urraca volvieron a resonar entre brindis y risas, reforzando los valores de una marca que presume de ser libre, auténtica y con una personalidad arrolladora.
Morcillas para los nombres «raros» y una sorpresa final
El punto álgido de la noche llegó con la entrega de premios. Siete asistentes, portadores de nombres reales, originales y singulares, fueron galardonados por su «creatividad genética» con un premio tan castizo como el propio evento: morcillas de calidad.
Sin embargo, el giro de guion definitivo estaba por llegar. En un guiño del destino (o una estrategia perfectamente hilada), una de las invitadas eligió llamarse ficticiamente «Teodora» durante la cena. Al finalizar el evento, los socios desvelaron que ese era, precisamente, el nombre elegido para su nuevo local. La afortunada «Teodora» por una noche fue premiada ante el aplauso de un público que celebraba el nacimiento del nuevo miembro de la familia.
Teodora: la expansión de un modelo de éxito
Detrás de este éxito se encuentran cuatro jóvenes socios —Fernando Rico, Pablo Coperias, David Sánchez y Chimo Rodrigo— que en su día transformaron el antiguo Timoteo Misionero en el actual Timoteo, un referente de la hostelería cercana y sin artificios.
Su fórmula es aparentemente sencilla, pero difícil de replicar: cocina honesta, producto de calidad y un ticket medio de entre 25 y 30 euros. Con platos ya icónicos como su bikini trufado, la tortilla con queso brie y cecina, o sus famosas bravas (elegidas por segundo año consecutivo como las mejores de la ciudad en el Bravas Fest), Timoteo ha conquistado al público valenciano a través del boca a boca.
Teodora, que abrirá sus puertas la próxima primavera, se ubicará en un barrio distinto de Valencia (cuya localización exacta sigue siendo un secreto bien guardado), pero compartirá el mismo ADN que su hermano mayor. «No buscamos grandes titulares, sino sumar un espacio donde seguir haciendo las cosas con cariño y atención al detalle», afirman los socios.
El nuevo restaurante promete una línea continuista: platos bien ejecutados, sin complicaciones innecesarias y un trato humano que haga que el comensal se sienta, de nuevo, como en casa. La cuenta atrás para conocer a Teodora ya ha comenzado.
