Por Manuel Ignacio Hedilla
Periodista
En el Pacífico Sur, lejos de los grandes continentes, emerge la Polinesia Francesa. Sus
islas combinan lagunas turquesas, arrecifes de coral y montañas volcánicas.
Bora Bora, Moorea y Tahití concentran buena parte del atractivo del archipiélago. Cada
isla tiene personalidad propia, pero juntas ofrecen una experiencia difícil de olvidar.
El viaje combina naturaleza, aventura, cultura polinesia y gastronomía. También
permite descubrir dos formas diferentes de entender el lujo.
El InterContinental Bora Bora Le Moana Resort representa la vertiente más íntima y
paradisíaca. El InterContinental Tahiti Resort & Spa ofrece una base para conocer
Tahití y Moorea.
Bora Bora, el paraíso azul
Hablar de Bora Bora es hablar de una de las imágenes más reconocibles del Pacífico. La
isla nació de un antiguo volcán que se hundió parcialmente en el océano.
Los restos de aquel volcán forman una isla rodeada de motus. Entre ellos se extiende
una espectacular laguna de aguas turquesas y azules.
En el centro destaca el monte Otemanu. Su silueta domina el paisaje como una auténtica
catedral natural.
El aeropuerto se encuentra en un pequeño islote. Desde allí, el traslado hasta el
alojamiento se realiza en barco.
El recorrido permite descubrir la extraordinaria variedad de colores de la laguna. El
agua cambia entre turquesas, verdes y azules profundos.
El InterContinental Bora Bora Le Moana Resort se encuentra en la zona de Matira.
Es uno de los pocos puntos de la isla con playa natural de arena blanca.
El complejo dispone de bungalows sobre el agua y villas junto a la playa. Algunos
alojamientos tienen acceso directo a la laguna.
Desde las escaleras de los bungalows se puede entrar directamente al agua. El snorkel
permite descubrir peces tropicales y diferentes especies marinas.
También es habitual observar pequeñas rayas y tiburones de arrecife. Estos animales no
representan una amenaza para los bañistas.
La laguna ofrece numerosas posibilidades. Se puede practicar snorkel, paddle surf o
navegar en una canoa polinesia.
Pero el atardecer es uno de los grandes momentos del día. El cielo se llena de tonos
naranjas, violetas y rojos.
Bora Bora también guarda una importante herencia cultural. Antes de la llegada
europea, la isla fue un centro político y religioso.
Los antiguos marae, templos polinesios, todavía pueden encontrarse entre la vegetación.
Tahití, puerta de entrada a la Polinesia
Si Bora Bora representa el paisaje paradisíaco, Tahití muestra otra cara de la Polinesia
Francesa. Aquí se encuentra Papeete, capital del territorio.
La ciudad combina mercados tradicionales, restaurantes, comercios y un puerto muy
activo. También permite acercarse a la vida cotidiana de los habitantes.
El InterContinental Tahiti Resort & Spa se encuentra cerca del aeropuerto. Desde sus
instalaciones se contemplan la laguna y la silueta de Moorea.
Sus jardines tropicales, piscinas y alojamientos de inspiración polinesia ofrecen un
entorno privilegiado.
Al atardecer, Moorea aparece en el horizonte. Sus montañas recortadas contra el cielo
forman una de las imágenes más características del archipiélago.
Papeete merece también un recorrido tranquilo. Entre sus edificios destaca la Mairie de
Papeete, rodeada de jardines tropicales.
Muy cerca se encuentra la Cathédrale Notre-Dame de Papeete. Construida en el siglo
XIX, combina elementos europeos con materiales locales.
Otro punto imprescindible es el Marché de Papeete. Sus puestos reúnen frutas
tropicales, pescado, vainilla, flores y artesanía.
La flor de tiare ocupa un lugar especial en la identidad de las islas. Su aroma forma
parte de la experiencia polinesia.
Tahití también conserva recuerdos de la historia marítima del Pacífico. Uno de ellos está
relacionado con el célebre HMS Bounty.
El Bounty Monument recuerda la llegada del barco británico a la isla. Su historia quedó
ligada al famoso motín contra el capitán William Bligh.
El episodio inspiró posteriormente numerosos libros y películas. Hoy forma parte del
imaginario asociado a los mares del Sur.
La gastronomía de Tahití
Viajar por la Polinesia Francesa también supone enfrentarse a precios elevados. El
aislamiento geográfico encarece muchos productos y servicios.
Una parte importante de los alimentos llega por barco o avión. Restaurantes,
supermercados y excursiones pueden resultar especialmente caros.
Sin embargo, existe un producto muy presente en la gastronomía local: el atún.
Uno de sus platos más conocidos es el poisson cru. Se prepara con pescado crudo
marinado con lima y leche de coco.
El resultado es fresco, ligero y lleno de sabor. Es una de las mejores formas de acercarse
a la cocina polinesia.
Moorea, a un paso de Tahití, naturaleza y autenticidad
Moorea se encuentra a unos 17 kilómetros de Tahití. Los ferris conectan ambas islas en
aproximadamente 45 minutos.
El trayecto ya forma parte de la experiencia. Mientras el barco se aleja de Tahití, el
perfil montañoso de Moorea gana protagonismo.
La isla presenta una geografía espectacular. Sus montañas volcánicas están cubiertas de
vegetación tropical y rodean dos grandes bahías.
Son las bahías de Cook y Opunohu. Ambas forman uno de los paisajes más
reconocibles de la Polinesia.
Moorea ofrece un ambiente más tranquilo. Pequeños pueblos, plantaciones de piña y
carreteras costeras permiten descubrir una isla menos urbana.
Sus miradores ofrecen excelentes panorámicas sobre las bahías y la laguna. Desde las
zonas elevadas se distinguen bancos de arena y arrecifes.
Pero buena parte de la aventura se encuentra bajo el agua.
Más allá de la laguna, Moorea invita a descubrir su interior. Los valles fértiles están
rodeados de montañas cubiertas de vegetación.
Las plantaciones de piña forman parte del paisaje. En las carreteras también aparecen
pequeños puestos con frutas y zumos naturales.
Uno de los lugares más conocidos es el Belvedere. Desde este mirador se contemplan
simultáneamente las bahías de Cook y Opunohu.
Las montañas volcánicas crean un escenario de gran belleza. El paisaje cambia
constantemente según la luz y la posición del sol.
Moorea conserva además una fuerte identidad cultural. Sus pueblos mantienen
tradiciones y celebraciones vinculadas a la cultura polinesia.
Pese al crecimiento del turismo, la isla conserva un ritmo tranquilo. Esa combinación de
naturaleza y autenticidad forma parte de su atractivo.
Rayas y tiburones en la laguna
Una de las experiencias más llamativas de Moorea consiste en navegar por la laguna.
Las excursiones permiten observar de cerca diferentes especies marinas.
Las rayas gigantes suelen ser uno de los primeros encuentros. Se deslizan sobre los
fondos arenosos con movimientos suaves.
Algunas se aproximan a los visitantes mientras nadan. Su enorme tamaño contrasta con
la tranquilidad de sus movimientos.
La experiencia resulta especialmente impactante por la cercanía con estos animales. El
agua transparente permite observar cada movimiento con claridad.
En zonas algo más profundas aparecen tiburones de arrecife de punta negra. Pueden
alcanzar cerca de dos metros de longitud.
Estas especies no suelen representar un peligro para las personas. Estar junto a ellas en
libertad permite comprender mejor la riqueza marina de estas islas.
Nadar en aguas cálidas junto a rayas y tiburones es una de las experiencias más
memorables del viaje.
Cultura y tradición polinesia
La cultura local ocupa un lugar importante en la experiencia turística. Muchos hoteles
organizan espectáculos de danza tradicional.
Tanto en Bora Bora como en Tahití se celebran noches culturales con músicos y grupos
de danza locales.
Los bailarines utilizan trajes elaborados con fibras vegetales, plumas y flores. Sus
movimientos acompañan los ritmos de los tambores tradicionales.
Algunas coreografías recuerdan antiguas historias relacionadas con la navegación, los
dioses y la vida insular.
El to ´ere, un tambor tradicional de madera, marca buena parte de las coreografías. Su
sonido aporta una enorme fuerza a las representaciones.
Estos espectáculos permiten acercarse a una cultura que mantiene una fuerte relación
con el océano y la naturaleza.
Tres islas, una experiencia


Recorrer Bora Bora, Moorea y Tahití significa descubrir tres formas diferentes de
entender la Polinesia Francesa.
Bora Bora representa el paisaje tropical y la vida sobre la laguna. Tahití permite conocer
la cultura, la gastronomía y el ritmo cotidiano.
Moorea combina naturaleza, aventura y una atmósfera más tranquila. Cada isla aporta
una perspectiva diferente del mismo territorio.
Es un destino remoto y de precios elevados. Pero también ofrece paisajes y experiencias
difíciles de encontrar en otros lugares.
La laguna de Bora Bora, las montañas de Moorea y los mercados de Papeete forman
parte de ese recuerdo.
También quedan el sabor del atún fresco, la historia del Bounty y las danzas
tradicionales.
Y, sobre todo, la sensación de haber viajado hasta uno de los rincones más singulares
del Pacífico.
PD. – Recomendaría quedarse en alguno de los lujosos hoteles de Moorea en lugar de hacerlo
en Papeete.
Creditos:
Foto 1: Octave Fargier / Wikimedia Commons / CC BY 2.0
Foto 2: Kat Kellner / Wikimedia Commons / CC BY 2.0