El restaurante Burguettos, se impone en la 65.ª edición del Concurs Internacional de Paella Valenciana de Sueca, que reúne a 40 profesionales de los cinco continentes y vuelve a situar el arroz valenciano en el centro de la escena gastronómica internacional.
Sueca, septiembre de 2026. — Hay platos que se cocinan y otros que se disputan. En Sueca, la paella pertenece a ambas categorías. Este domingo, el Paseo de la Estación volvió a convertirse en un gran escenario arrocero con la celebración del 65 Concurs Internacional de Paella Valenciana de Sueca, un certamen que lleva más de seis décadas defendiendo una receta, un territorio y una manera de entender la cocina.
La edición de 2026 ha coronado al restaurante Burguettos, de Apizaco (Tlaxcala, México), como ganador del concurso. El chef José Carlos Ruiz Zamora y su ayudante, Lionel Caldelas, se impusieron entre los 40 profesionales participantes, llegados de los cinco continentes, y recibieron el reconocimiento que convierte su elaboración en la ganadora de esta edición.
El premio incluye 2.500 euros, un pergamino conmemorativo y el medallón de plata reservado a quienes alcanzan el título de «mejor paella del mundo». Una distinción que, más allá de su valor material, representa el vínculo entre la tradición arrocera valenciana y una comunidad gastronómica que ya no entiende de fronteras.
Una receta, cuarenta cocinas y un mismo punto de partida
El atractivo del concurso de Sueca no reside únicamente en su dimensión internacional. Su singularidad está también en las condiciones de competición: todos los participantes cocinan con los mismos ingredientes y bajo las directrices de la receta oficial del certamen. El objetivo es que la diferencia se encuentre en la mano del cocinero, en su técnica y en su capacidad para interpretar un plato cuya aparente sencillez exige precisión.
El arroz, el fuego, el tiempo y el equilibrio de los ingredientes se convierten así en los elementos de una competición en la que no hay lugar para atajos. Las 40 paellas se entregaron en diferentes turnos para que el jurado pudiera degustarlas recién cocinadas, una medida que busca preservar las condiciones de valoración y el carácter gastronómico de la prueba.
Durante la jornada, el Paseo de la Estación acogió a un público numeroso, entre aficionados, profesionales y visitantes, en una celebración que vuelve a demostrar la capacidad de la paella para funcionar como patrimonio culinario y como punto de encuentro.
El medallón que viaja de ganador en ganador
Uno de los momentos más simbólicos de la jornada llegó con la entrega del medallón de plata. La pieza, diseñada exclusivamente para los vencedores del certamen, había permanecido bajo custodia de Tomás Angulo Salas, ganador de la edición de 2025 con el restaurante Sabor Amar Paellas, de Ecuador.
Angulo viajó hasta Sueca para entregar la distinción a sus sucesores. El gesto da continuidad a una tradición reciente que añade un componente ceremonial al concurso: el reconocimiento no se queda únicamente en el nombre del ganador, sino que pasa de unas manos a otras, como un testigo de la historia internacional de la paella.
La decisión del jurado estuvo a cargo de un equipo formado por profesionales de diferentes ámbitos de la gastronomía, la hostelería y la promoción turística. Entre sus integrantes se encontraban el crítico gastronómico José Carlos Capel, fundador y presidente de Madrid Fusión; Yuki Kawaguchi, director de la semifinal internacional de Japón; y Tomás Angulo, vencedor de la edición anterior. Jaime Cuesta López ejerció como notario.
Sevilla y Llombai completan el podio
La clasificación del concurso ha situado al restaurante Arrozante, de Sevilla, en la segunda posición, con un premio de 1.500 euros y pergamino. El tercer puesto ha correspondido a Ca Ladio, de Llombai, que ha recibido 1.000 euros y pergamino.
El resto de las distinciones ha permitido reconocer diferentes ámbitos de la participación:
- Mejor paella de un restaurante nacional: Morralla Restaurante, de Baleares.
- Mejor paella de la Comunitat Valenciana: Goya Gallery Restaurante, de Valencia.
- Mejor paella de un restaurante de Sueca: Restaurante Llopis.
- Mejor paella de un restaurante extranjero: Martos’s Rice, de San Antonio, Texas (Estados Unidos).
El reparto de reconocimientos amplía la mirada del certamen más allá de los tres primeros puestos y pone el foco en la diversidad de procedencias que participan en una competición con una identidad culinaria definida.
Sueca, entre la memoria y el futuro del arroz
El alcalde de Sueca, Julián Sáez, ha aprovechado la celebración de la 65.ª edición para reivindicar la continuidad del concurso. En su intervención, ha descartado cualquier idea de cierre de ciclo y ha vinculado el futuro del certamen con el paisaje y la historia arrocera del municipio.
«La paella nació aquí, en nuestro paisaje, entre La Albufera, los arrozales y las manos de quienes, durante generaciones, han sabido convertir unos ingredientes humildes en un plato reconocido y admirado en todo el mundo», ha señalado.
El mensaje conecta la proyección internacional de la paella con su origen territorial. Porque, en Sueca, la paella no se presenta únicamente como una elaboración gastronómica de éxito global, sino como una expresión de la relación entre el campo, el arroz y la cultura alimentaria de la Ribera.
Por su parte, la concejala responsable del concurso, Teresa Ribes, ha situado la edición bajo el lema «Pasado que nos honra, futuro que nos inspira». Una frase que resume la voluntad de preservar el legado del certamen sin desvincularlo de su vocación de crecimiento internacional.
El concurso, adscrito a la marca gastroturística L’Exquisit Mediterrani y con la colaboración del Patronato Provincial de Turismo y València Turisme, mantiene así una doble dimensión: la defensa de una receta tradicional y la construcción de un espacio de encuentro entre cocineros de distintas culturas.
Los reconocimientos que miran al campo y a la organización
La edición de este año también ha distinguido a dos figuras vinculadas al desarrollo del certamen y a la cultura agraria. El reconocimiento de Paellero de Honor ha recaído en Nando Durà Velis, agricultor y divulgador agrario, y en Francisco Javier Benito Goerlich, colaborador clave en el desarrollo de las semifinales autonómicas y nacional.
Ambos recibieron sus galardones de manos de las Falleras Mayores de Sueca, Lucía Rumbau y Paula Beteta.
La elección incorpora al relato del concurso la importancia de quienes trabajan alrededor del arroz y de quienes contribuyen a mantener una estructura competitiva que se extiende por diferentes territorios.
Una celebración con vocación internacional
La presencia de autoridades autonómicas, representantes municipales, patrocinadores y profesionales de la hostelería ha acompañado una jornada en la que Sueca ha vuelto a reivindicar su papel como capital mundial de la paella.
El certamen, nacido en 1961, llega a sus 65 ediciones con una identidad basada en la receta oficial, el rigor de la competición y la difusión internacional. El reto consiste en que el éxito exterior no diluya la raíz de un plato cuya historia está ligada a los arrozales y a la vida cotidiana de la Albufera.
El triunfo de Burguettos, desde México, representa precisamente esa conexión entre el origen valenciano y la dimensión global de la paella. Una victoria que viaja a Tlaxcala, pero que se ha construido en Sueca, bajo unas reglas comunes y frente a un jurado que ha vuelto a poner a prueba la interpretación de una de las recetas más reconocibles de la gastronomía española.
La paella decorativa de esta edición, obra de Teresa Roig, ha completado el escenario de la entrega de premios con un homenaje a la selección española de fútbol, campeona del Mundial de 2026. Un detalle que incorpora la actualidad deportiva a una celebración que, año tras año, mantiene su mirada puesta en el arroz, el territorio y la cultura gastronómica valencia