De la pomarada al culín: Asturias convierte la sidra en una experiencia turística única
La cultura sidrera asturiana, reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, se consolida como uno de los grandes atractivos turísticos del Principado a través de experiencias que combinan tradición, gastronomía, paisaje e innovación.
Hay viajes que se recuerdan por sus monumentos y otros por sus paisajes. En Asturias, sin embargo, existe una forma diferente de descubrir el territorio: a través de la sidra. Desde las pomaradas donde nace la manzana hasta el último culín escanciado en una sidrería, el denominado sidraturismo se ha convertido en una de las experiencias más auténticas para conocer la esencia de una tierra que ha hecho de esta bebida mucho más que un producto gastronómico.
La reciente declaración de la cultura sidrera asturiana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, en diciembre de 2024, ha supuesto un espaldarazo internacional para una tradición que forma parte de la identidad colectiva de Asturias desde hace siglos. Un reconocimiento que no solo pone en valor el proceso de elaboración de la sidra, sino también las costumbres, celebraciones y formas de convivencia que giran en torno a ella.
El Museo de la Sidra, puerta de entrada a una cultura centenaria
La mejor manera de adentrarse en este universo es comenzar por Nava, considerada la capital sidrera de Asturias. Allí se encuentra el Museo de la Sidra de Asturias, inaugurado en 1996 y convertido en un auténtico centro de interpretación de la cultura sidrera.
Sus salas ofrecen un recorrido completo por todas las fases de elaboración: desde el cultivo de la manzana hasta el embotellado, pasando por el prensado, la fermentación y los diferentes sistemas de producción tradicionales y modernos. Pero el museo va mucho más allá de los aspectos técnicos. También explica el papel social de la sidra, la importancia del escanciado, las espichas populares, los llagares y las sidrerías como espacios de encuentro.
Un grupo de miembros de la Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo (FEPET) tuvo la oportunidad de conocer estas instalaciones acompañado por una de las mayores autoridades en la materia: Luis Benito García Álvarez, catedrático y director de la Cátedra Universitaria de la Sidra de Asturias.
Durante la visita, el profesor aportó valiosas explicaciones históricas y numerosas anécdotas relacionadas con las antiguas espichas. Entre ellas destacó una curiosa tradición: los asistentes pagaban una cantidad fija para beber toda la sidra que desearan y existía incluso una tarifa especial conocida popularmente como “a perra la mexiada”, reflejo del carácter festivo y popular de estos encuentros.
Del conocimiento a la experiencia: vivir la sidra en un llagar
Tras una comida tradicional en una sidrería de Nava, la inmersión continuó en el Llagar Viuda de Angelón, donde la teoría dio paso a la práctica.
Si el museo explica la historia, el llagar permite sentirla. La visita incluyó un recorrido por la pomarada, las instalaciones de producción, las zonas de fermentación y embotellado, concluyendo con una degustación de distintas variedades acompañadas por productos típicos asturianos.
Caminar entre manzanos ayuda a comprender que la sidra nace mucho antes de llegar a la botella. El paisaje, el clima atlántico, la selección de variedades autóctonas y el conocimiento transmitido de generación en generación forman parte de un proceso profundamente ligado al territorio.
Entre los árboles cargados de historia se entiende que cada botella encierra una parte del paisaje asturiano y de las familias que durante siglos han mantenido viva esta tradición.
Gastronomía de altura con sabor a sidra
La segunda jornada permitió descubrir otra de las grandes fortalezas del sidraturismo: su capacidad para integrarse en propuestas gastronómicas de primer nivel.
La visita comenzó en la finca agropecuaria Los Caserinos, cerca de Villaviciosa, donde se mostró el vínculo entre producción agrícola, sostenibilidad y elaboración artesanal. Desde allí, el viaje continuó hasta Cereceda para conocer el Palacio de Rubianes y el hotel-restaurante Narbasu.
En este enclave privilegiado, el prestigioso chef asturiano Nacho Manzano ofreció una magistral demostración sobre el potencial de la sidra en la alta cocina contemporánea.
El menú fue una auténtica celebración del producto asturiano: croquetas caseras, llámpares, merluza y cabrito se sucedieron en una propuesta culinaria cuidadosamente armonizada con distintas variedades de sidra. El broche final llegó con un postre elaborado a base de manzana y sidra, acompañado por una sorprendente sidra de hielo que mostró una nueva dimensión de esta bebida tradicional.
La experiencia confirmó que la sidra ha dejado de ser únicamente una bebida popular para convertirse también en un ingrediente gastronómico capaz de dialogar con las cocinas más innovadoras.
“La sidra es un ingrediente identitario que conecta producto, cocina y territorio”, resumió Nacho Manzano durante la jornada.
El Gaitero: tradición asturiana con proyección internacional
La ruta continuó en una de las firmas más emblemáticas del sector: Sidra El Gaitero.
Fundada en el siglo XIX y convertida en una de las marcas más reconocidas de Asturias, la empresa representa el ejemplo perfecto de cómo tradición e innovación pueden avanzar de la mano.
La visita permitió conocer sus instalaciones, los procesos de elaboración, las bodegas y las estrategias de internacionalización que han llevado sus productos a 44 países de todo el mundo.
Los responsables de la compañía destacaron la importancia de mantener los valores tradicionales mientras se desarrollan nuevas líneas de producto y acciones promocionales orientadas a los mercados internacionales.
En un contexto de creciente interés por el turismo experiencial, El Gaitero demuestra que la cultura sidrera posee un enorme potencial para proyectar la imagen de Asturias más allá de sus fronteras.
Un producto turístico con enorme futuro
Impulsada por FEPET y respaldada por Turismo de Asturias, esta experiencia ha servido para poner de manifiesto el enorme potencial de la sidra como motor turístico.
Las visitas a llagares, las rutas temáticas, las espichas tradicionales, los talleres de escanciado, las catas comentadas y los maridajes gastronómicos configuran una oferta cada vez más atractiva para visitantes nacionales e internacionales.
La reciente distinción de la Unesco abre además nuevas oportunidades para posicionar a Asturias como uno de los grandes destinos gastronómicos y culturales de Europa.
La creación de materiales promocionales multilingües, el desarrollo de circuitos experienciales y la integración de la sidra en las estrategias turísticas internacionales aparecen como algunos de los retos inmediatos para consolidar este crecimiento.
Gascona, el broche perfecto
El viaje concluyó en Oviedo, en la emblemática calle Gascona, conocida popularmente como el Bulevar de la Sidra.
Allí, entre escanciadores expertos, barriles, terrazas repletas y el inconfundible sonido de la sidra cayendo desde lo alto, los participantes pudieron comprobar que la cultura sidrera sigue más viva que nunca.
Porque en Asturias la sidra no es únicamente una bebida. Es una forma de entender la vida. Es conversación, encuentro, celebración y pertenencia. Es paisaje transformado en tradición. Es historia servida en un vaso.
Y para quien decide recorrer el camino que va de la pomarada al culín, es también una de las experiencias turísticas más auténticas que hoy pueden vivirse en España.
Hostería de Torazo: el refugio donde Asturias se vive con los cinco sentidos
Situada en el pintoresco pueblo de Torazo, distinguido con el prestigioso reconocimiento de Pueblo Ejemplar de Asturias en 2008, esta hostería combina la hospitalidad asturiana con el confort contemporáneo, ofreciendo al visitante un refugio donde la naturaleza, el descanso y la tradición se encuentran en perfecto equilibrio.
Por: Julián Carazo , miembro de FEPET
